Decís que lo amás, que la amás, que nunca sentiste algo tan fuerte. Pero mirá bien la escena: revisás el teléfono cada cinco minutos, tu día se define por su humor, y la sola idea de que se vaya te aprieta el pecho como una amenaza física.
Eso tan fuerte que sentís quizás no es amor. Es necesidad. Y son cosas distintas, aunque se disfracen igual.
La diferencia que nadie te enseñó
El amor suma: dos personas enteras que se eligen. La dependencia resta: una persona incompleta que necesita a otra para funcionar. En el amor, el otro es un compañero. En la dependencia, es un órgano vital. Por eso perderlo no se siente como tristeza: se siente como asfixia.
Querer es elegir quedarse. Necesitar es no poder irse. Parecen lo mismo hasta el día que duele.
Señales de que estás dependiendo
- Tu humor es un satélite: orbita alrededor de cómo te trató hoy.
- Postergás planes, amigos y proyectos “por si acaso” el otro propone algo.
- Sentís celos hasta de su tiempo a solas.
- Aceptás cosas que jamás le aconsejarías aceptar a tu mejor amiga o amigo.
- La relación duele más de lo que abriga… y aun así la idea de dejarla es impensable.
Salir no es dejar de amar: es volver a vos
La dependencia no se cura terminando la relación (a veces ni hace falta). Se cura reconstruyendo lo que fuiste entregando: tus espacios, tu criterio, tu gente, tu deseo. El otro dejó de ser una persona y se volvió tu casa entera; el trabajo es volver a tener casa propia.
Ejercicio
Recuperar terreno (empezá por acá)
- 1.Volvé a UNA cosa que abandonaste por la relación. Una sola, esta semana.
- 2.Practicá un “no” chiquito: una opinión distinta, un plan propio. Registrá que el mundo no se termina.
- 3.Armá un día a la semana que sea tuyo: sin depender de si te escribe, te ve o te confirma.
- 4.Si al leer esto sentiste más miedo que ganas… considerá pedir ayuda profesional. La dependencia fuerte no se desarma solo con voluntad, y pedir ayuda también es una forma de volver a vos.
Que el amor sea tu lugar favorito, no tu único lugar.
Laureano
