Guía

Por qué stalkeás a tu ex (y cómo cortar)

Cerrás la app y la volvés a abrir. Sabés que te hace mal. Lo hacés igual. Esto es lo que buscás en realidad.

Laureano Gieco

Son las once de la noche. Dijiste que hoy no. Y sin embargo el pulgar ya está ahí, en esa historia, en esa foto nueva, en esa persona que aparece al lado y que no conocés pero ya odiás un poco.

Tranquilo. No estás loco, ni loca. Estás haciendo lo que hace casi todo el mundo después de una ruptura: buscar en una pantalla la respuesta que la otra persona no te dio en la cara.

No buscás a tu ex. Buscás una respuesta

Cuando stalkeás no estás mirando a esa persona: estás revisando la escena del crimen. Buscás la prueba de que le va mal sin vos. O la prueba de que le va bien, para castigarte con eso. Cualquiera de las dos te sirve, porque lo que tu cabeza quiere no es información: es terminar la historia que quedó abierta.

El stalkeo es un duelo que no acepta que ya terminó la película.

Por qué no podés parar

  • Cada vez que mirás, tu cerebro recibe una mini dosis: la incertidumbre se calma dos minutos. Después vuelve, con hambre.
  • Sentís que mirar es estar cerca. Pero es estar cerca de una versión editada, hecha para ser mirada.
  • Mientras mirás su vida, la tuya queda en pausa. Y en el fondo, esa pausa te conviene: doler es más fácil que empezar de nuevo.

Cómo cortar (de verdad)

No con fuerza de voluntad a secas: con fricción. El objetivo no es no querer mirar, es que mirar te cueste más pasos de los que tu impulso aguanta.

Ejercicio

El protocolo de las 72 horas

  1. 1.Silenciá o bloqueá. No es drama: es cirugía. Nadie deja el cigarrillo con el atado en el bolsillo.
  2. 2.Cada vez que venga el impulso, escribí UNA línea: qué esperabas encontrar. Vas a ver que siempre es lo mismo.
  3. 3.Reemplazá el gesto: el pulgar necesita ir a algún lado. Elegí antes a dónde (una nota, un juego, un mensaje a un amigo).
  4. 4.A las 72 horas el impulso baja a la mitad. No lo digo yo: lo dice tu propia dopamina.

No necesitás saber cómo sigue su vida. Necesitás volver a la tuya.

La próxima vez que el pulgar vaya solo, no te retes. Preguntate qué respuesta estás buscando. Y después hacete la pregunta que importa: si la tuviera que escribir esa persona hoy, con todas las letras… ¿la querrías leer?

Laureano

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